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Conectividad al máximo, edificios inteligentes del siglo XXI

Los edificios inteligentes integran la tecnología para ofrecer soluciones a los viejos problemas de sobregasto e ineficiencia en su construcción y uso. Dentro de un edificio inteligente todos los sistemas están conectados, integrados y automatizados, desde el aire acondicionado, calefacción, agua, hasta la seguridad y la iluminación, de esta manera proporcionan soluciones para mejorar la eficiencia y reducir el consumo y costos de energía.

Nuestro mundo moderno está lleno de tecnologías que lo conectan todo. Hace algunas décadas nunca pensamos que sería posible controlar automáticamente las condiciones en un edificio entero. Sin embargo, los últimos avances tecnológicos han llevado a la aparición de edificios inteligentes.

Transformando el reto en una gran oportunidad

Las nuevas construcciones se pueden diseñar para poner en ejecución todas estas tecnologías inteligentes, inclusive convertir estructuras más antiguas en edificios conectados, lo que puede representar una alternativa ante el panorama de la industria de la construcción en nuestro país.

El uso de sensores integrados en la infraestructura y los datos recolectados dentro de estos edificios, permiten una mejora significativa en su gestión. Gracias a las tecnologías innovadoras y a las crecientes ventajas del Internet de las cosas (loT), los residentes y los empleados de oficinas modernas e inteligentes están disfrutando de las comodidades y beneficios asociados a un edificio conectado.

La eficacia y la eficiencia están implícitas dentro de todo lo que envuelve a estas construcciones y, de acuerdo con Trane, aquí hay algunos beneficios clave de contar con un edificio conectado:

  1. Ahorro en el consumo de energía

Para la mayoría de los edificios comerciales, el uso de energía es el gasto de operación más substancial. Aproximadamente, un tercio del presupuesto operativo típico se destina al consumo de energía, por lo que, para incrementar la eficiencia de un edificio, utilizar un sistema de gestión de energía de edificios (Building Energy Management Systems, BEMS) será de gran ayuda pues permite tener control activo de las condiciones del edificio y monitorear constantemente el uso de energía para asegurar que el consumo es adecuado en todo momento. Un edificio inteligente está diseñado para aumentar la eficiencia independientemente de las condiciones externas o internas de la estructura.

Las cifras varían en función de cada sistema y edificio, pero se puede reducir el consumo de energía de un edificio conectado (Connected Building) desde el 5% al 35%. Esto se traduce en importantes ahorros financieros, así como en un enfoque mucho más eficaz y eficiente para alcanzar los objetivos de cualquier empresa socialmente responsable, invertir en un edificio inteligente traerá un rendimiento considerable de la inversión.

El primer paso para constatar el rendimiento, se llevará a cabo durante las auditorías; por ejemplo, una auditoría energética determina la cantidad de consumo de energía afiliada a un edificio y los ahorros potenciales asociados con ese consumo de energía.

  1. Auditorías más eficientes

Los sistemas y tecnologías en edificios inteligentes permiten monitorizar todos los parámetros de energía en tiempo real, teniendo control móvil del edificio y acceso seguro a la información y administración remota del sistema desde cualquier lugar.

Todos estos datos se almacenan y analizan para mejorar los sistemas de control y monitorización, además de obtener información precisa sobre los patrones de consumo y energía. El análisis de estos datos ayudará a los dueños o administradores de los edificios a tomar mejores decisiones operativas alineadas a los resultados esperados del negocio, además de poder capitalizar la información generada a su favor.

  1. Control sobre la eficiencia

La evolución constante de las tecnologías enfocadas a la eficiencia, entre ellas cámaras de seguridad y los sensores térmicos, proporcionan información fiable sobre cómo se utiliza el edificio. Esto permite que los sistemas inteligentes realicen ajustes sobre dónde se requiere calor y luz, por ejemplo, proporcionando la oportunidad de optimizar los recursos, lo que conlleva otros beneficios tangibles como el ahorro energético, apoyando también a la reducción en las emisiones de carbono.

El Consejo Mundial de la Edificación Sustentable (WorldGBC, por sus siglas en inglés) ha lanzado la propuesta de sólo construir EEC (Edificios Energía Cero) para 2050 con el objetivo de crear un futuro más sostenible, pues actualmente, los edificios y la industria de la construcción generan más del 30% de las emisiones de CO2 a nivel global.

  1. Mantenimiento predictivo

Los costos de mantenimiento pueden ser substanciales cuando están manejados manualmente. Sin embargo, si el equipo de mantenimiento requiere de un uso mucho más frecuente del que se tenía planeado, u ocurre alguna eventualidad, esto puede representar un desajuste a los presupuestos.

Los edificios inteligentes permiten un mantenimiento predictivo sencillo, los sensores pueden detectar el rendimiento del edificio y activar los procedimientos de mantenimiento antes de que se active una alerta. Cuando se tiene una visión general más perspicaz sobre cómo funciona el edificio, y sobre cómo está siendo utilizado, es mucho más fácil darle mantenimiento en el momento adecuado.

Incluso, los sensores utilizados en los edificios inteligentes pueden medir un rendimiento técnico de las instalaciones y activar los procedimientos de mantenimiento en caso de mal funcionamiento del equipo. Esto hace que sea posible rastrear las partes y sistemas del edificio para detectar y reparar inmediatamente cualquier mal funcionamiento.

Además, la supervisión de maquinaria y equipo permite una gestión más eficiente del ciclo de los equipos. Como resultado, puedes reemplazar el equipo cuando se vuelve demasiado costoso mantenerlo, o cuando llega al final de su vida útil, lo que se traduce en un incremento del valor de los activos.

  1. Obtener más de quienes usan el edificio

Los edificios inteligentes se han diseñado específicamente para entregar una experiencia más cómoda a sus ocupantes. Pueden elevar los estándares y asegurar que se cumplan las consideraciones de salud y seguridad, así como asegurar que esto se implemente de manera rentable. Monitorear los sistemas de uso y ajustarlos para asegurar que los ocupantes tengan las instalaciones que necesitan, al final se traduce en gente más productiva, no está demás tener en mente que la gente con la que trabajamos, también es un activo.

Además, los datos generados por un edificio inteligente proporcionan una visión integral clave, que puede ser alimentada de manera estratégica en la planificación y el uso de los recursos, transformándose en una gestión más eficiente por contar con información exacta y en tiempo real, proporcionada por los sistemas inteligentes.

  1. Incremento del valor del edificio

Al pensar en el edificio como un activo, el valor de éste se incrementará después de la implementación de las medidas de eficiencia recomendadas de todos los sistemas que lo conforman. Un análisis de IDC Data5 refleja que un hogar conectado o una casa inteligente es, por mucho, el activo más valioso, con un valor de mercado esperado en 2020, de US $ 85 mil millones y un crecimiento anual del 16%, imaginemos lo que valdrá un edificio que contiene tantos hogares u oficinas y la información que arrojará.

Lo que puede hacer la tecnología inteligente en un edificio comercial, no sólo se ve reflejado en cuanto a ahorro de dinero, eficacia y eficiencia, sino también en cuanto al valor que agregan las certificaciones LEED (Excelencia en Energía y Diseño Ambiental), EDGE (Excelencia en Diseño y Eficiencias Mayores) y otras a las que el negocio se puede hacer acreedor.

Por todo esto y más, el edificio puede ser el activo más valioso de la empresa. En el pasado era sólo un inmueble que albergaba empleados de una o varias compañías. Hoy en día, los edificios cuentan con un potencial oculto. Tienen energía circulando en su interior: calefacción, refrigeración e iluminación. Esta energía produce datos, y esos datos son como un idioma en espera de traducción, información en espera de ser capitalizada.

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